Envejecimiento facial, predisposición genética y factores ambientales

Sabemos que  el envejecimiento facial es inevitable, seguro que aparecerá, aunque no todo está determinado. Al final, lo que es determinante es nuestro estilo de vida.

Detrás de una cara bella se esconde un algoritmo matemático, que relaciona unas proporciones, unas simetrías. Se trata de una armonía  que es percibida por un observador.

A lo largo de la vida se van a ir produciendo cambios bien visibles, aunque la velocidad a la que se producen estos cambios varían de una persona a otra: edad cronológica no es igual a edad biológica.

  1. Entre 25-40 años. Aparecen signos de deshidratación, disminuye la velocidad de reparación, se empiezan a notar arruguitas de expresión alrededor de los ojos.
  2. Entre  40-59 años. La piel es más fina, hay una pérdida de volumen en la cara, el descolgamiento empieza a ser evidente, descienden los pómulos, el color de la piel es menos uniforme y aparecen manchas, venitas, etc. En definitiva, pérdida de luminosidad.
  3. A partir de 60 años. Se produce un cambio en la estructura facial, el triángulo formado por los pómulos y el mentón se invierte y pasa a ser el triángulo formado por la nariz y las mandíbulas, esto hace cambiar la expresión facial que aparece cansada y con aspecto triste.

Estos cambios se van produciendo en las diferentes capas de la piel, epidermis, dermis e hipodermis gradualmente y debido a diferentes procesos:

  • Deshidratación. Una consideración sobre esto, ¿Qué pasa cuando una tierra está reseca?, pues muy sencillo: se agrieta, pues eso es lo que le pasa a la cara.
  • Cambios en la matriz extracelular. Debido a la acumulación de tóxicos, al estrés oxidativo, a procesos de inflamación crónica, los fibroblastos, células encargadas de la renovación de la matriz extracelular, disminuyen y pierden funcionalidad, con lo que la cantidad del colágeno disminuye, el entramado de moléculas que forman la matriz extracelular a modo de malla que sostiene la estructura, se desorganiza, se rompe. Este proceso se ve agravado con la aparición de productos de glicosilación avanzada  provocando el descolgamiento.
  • Cambios sobre la grasa. Se produce atrofia y redistribución de tejido adiposa con la consiguiente pérdida de volumen facial.
  • Pérdida de densidad ósea, que hace cambiar la estructura facial.

Los factores implicados en el envejecimiento facial son variados y complejos:

  • Factores genéticos. Heredamos una predisposición configurada en el ADN, pero esta predisposición va a ser modulada por los factores epigenéticos que van a hacer que determinados genes se expresen o no. En este caso, van a marcar el ritmo de envejecimiento facial.
  • La exposición a las distintas radiaciones solares: UVA, UVB, IR, radiación visible.
  • Otros factores derivados del estilo de vida: dieta desequilibrada, tabaco, alcohol, otras drogas, horas de sueño…
  • Niveles de estrés. Estados emocionales desequilibrados.
  • Contaminación ambiental: humos, medicamentos y otros xenobióticos.

¿Qué podemos hacer para  frenar  proceso de envejecimiento facial?

  • Llevar una dieta variada, equilibrada con frutas, verduras, hortalizas, pocos productos refinados, hidratos de carbono con baja carga glucémica, evitar las grasas saturadas y las grasa trans y por supuesto controlando las calorías consumidas.
  • Beber agua, de esta manera nos hidratamos internamente, somos agua en una gran parte, un 70-75%.
  • Protección frente a las radiaciones solares tanto externa como internamente.
  • Mejorar la gestión del estrés y el control emocional evitando los estados emocionales tóxicos: rabia, envidia, miedo…
  • Realizar ejercicio físico moderado mejora el tono de la piel, mejora nuestra actitud, mejora la relación masa muscular/grasa, etc. Un ejercicio demasiado intenso nos envejece, favorece el estrés oxidativo al verse sobrepasado el mecanismo natural antioxidante.
  • Es muy interesante realizar una serie de  gestos diarios como:
    • Limpieza diaria, no podemos acostarnos con la piel sucia o con restos de maquillaje.
    • Exfoliación semanal, hay que ayudar a eliminar las células muertas. De esta manera, se favorecerá la renovación celular y las cremas penetrarán mejor.
    • Hidratación y nutrición diaria para ayudar a regenerar.

Existen productos adecuados para cada edad y tipo de piel. No debemos olvidar las maravillosas mascarillas y ampollas con efecto flash, nos pueden ayudar mucho y las hay realmente eficaces a un buen precio. ¡Adelante!

Los nutricosméticos actúan en el interior, justamente donde las cremas no llegan. Los hay muy variados, disponen de una serie nutrientes específicos que se van liberando y protegen a la célula del daño oxidativo, o bien aportan cofactores imprescindibles para determinadas reacciones químicas.