Fotoenvejecimiento y protección

El daño producido por las radiaciones solares, y cuya consecuencia es el fotoenvejecimiento, se debe en una gran parte al estrés oxidativo provocado por los radicales libres, especies reactivas de oxígeno, generadas por las distintas radiaciones solares.

La producción de radicales libre es un proceso fisiológico normal, todas las funciones vitales del ser humano son fuente de radicales libres: el metabolismo de los alimentos, la respiración celular, el sistema inmunitario… El organismo dispone de sistemas antioxidantes capaces de neutralizarlos, eliminarlos y reparar el daño producido.

Sin embargo, cuando se somete el organismo a un agente estresante, como pueden ser una larga exposición a las radiaciones solares, se produce una gran cantidad de radicales libres y el sistema antioxidante natural se ve sobrepasado. Este desequilibrio conduce al estrés oxidativo, con la producción de daños sobre:

  1. Daños sobre las grasas. Fundamental el daño producido sobre las membranas celulares, peroxidación lipídica, con alteración de la permeabilidad de la membrana, inicio de la cascada inflamatoria, cuyo final puede concretarse en muerte celular.
  2. Daño sobre las proteínas, oxidación proteica, En este caso se produce inactivación de ciertas enzimas quedando dañados muchos sistemas de reparación del daño.
  3. Daño del ADN celular, en este proceso se genera una reacción en cadena , si este daño no se repara puede inducir a errores y mutaciones del ADN. Pudiendo producir cancer o muerta celular.
  4. Daño sobre hidratos de carbono, acelerando los procesos de glicosilación.

Estos daños a nivel molecular tienen su reflejo en la piel de una manera evidente:

  • Degradación de la matriz extracelular, con destrucción del colágeno y elastina, con aparición de arrugas, falta de tono de la piel.
  • Aumento de la actividad de los melanocitos, producción de manchas en la piel.
  • Producción de inflamación.
  • Ruptura de la barrera cutánea.

En resumen, fotoenvejecimiento (como arrugas y manchas), inmunosupresión y cáncer.

¿Estamos desprotegidos frente a las radiaciones?

Disponemos de mecanismos de defensa internos:

  • Cromóferos endógenos, como la melanina, la bilirrubina, la hemoglobina … que son capaces de absorber la radiación.
  • Engrosamiento de la piel.
  • El sudor con sustancias encaminadas a evitar los daños.
  • Mecanismos de reparación del ADN, la no reparación del daño conduce a la aparición de las caspasas, moléculas encargadas de provocar la muerte celular por apoptosis.
  • Inhibidores de metaloproteasas (responsables del daño sobre el colágeno).
  • Por supuesto, los antioxidantes naturales.

¿Qué podemos hacer para evitar estos daños?

La respuesta es protección: interna y externa.

  1. Protección externa. Existen una gran variedad con distintos filtros.
    • Filtros físicos, supone un efecto barrera, en este caso la radiación al llegar a la piel rebota y no penetra en la piel, reflejan la radiación. Suelen tener textura crema o leche, son algo espesos y están indicados para niños pequeños y personas con intolerancia al resto de los filtros.
    • Filtros químicos, conocidos como efecto esponja, absorben la radiación. Hay una gran variedad. la mayoría protegen frente a la radiación UVB Y UVA. Un fotoprotector que proteja sólo frente a la radiación ultravioleta es insuficiente, pues sabemos que la radiación infrarroja produce una gran cantidad de radicales libres, agravando la agresión producida por los ultravioleta con un gran daño por estrés oxidativo, estímulo de las metaloproteasas con el consiguiente daño sobre el colágeno, en definitiva aceleración del envejecimiento.Actualmente, se han desarrollado nuevos fotoprotectores a los que se les incluye activos que neutralizan los radicales libres, así como otros que van a reparar parte del daño provocado sobre el ADN del núcleo y del ADN mitocondrial.Otra opción sería aplicar un sérum antioxidante y, posteriormente, un filtro solar convencional. En cualquier caso es muy conveniente utilizar un antioxidante para protegernos más ampliamente.Un buen fotoprotector debe tener buena galénica y adaptarse a cada fototipo de piel. Éste debe administrarse media hora antes de la exposición al sol, en cantidad suficiente y, además, deberá renovarse la aplicación cada dos horas.
  2. Protección interna. Se utilizan en las formulaciones activos de origen natural, oligoelementos como el selenio, vitaminas como la C y E, implicados en reacciones antioxidantes.La finalidad es doble:
    • El broceado resultante será más uniforme, más bonito, más duradero e incluso más rápido.
    • Internamente la piel queda protegida frente a los daños causados por las radiaciones solares, retrasando el envejecimiento y protegiendo frente a los efectos producidos por la sensibilidad frente al sol.