Obesidad. Predisposición genética, genes ahorradores, genes motores. Ambiente obesogénico. Interacción.

Todos lo estamos notando y estamos de acuerdo: estamos engordando. Nos enfrentamos a la pandemia del siglo XXI, la obesidad, con los consiguientes problemas de salud y económicos que ello acarrea. ¿Podrán los sistemas sanitarios de cada país hacer frente a los gastos de salud que se avecinan?

¿Qué estamos haciendo para que esto esté ocurriendo? Vivimos en un ambiente obesogénico:

  • Disponemos de gran cantidad de comida, de mala calidad con déficit de nutrientes, que además es barata y adictiva. Todo son anuncios de comida con raciones cada vez más grandes.
  • Todo invita a comer, nosotros aceptamos la invitación, ¡qué le vamos a hacer! Comer nos satisface y además tenemos hambre muy a menudo, aunque tengamos sobrepeso.
  • No nos movemos lo suficiente (deberíamos caminar 10.000 pasos al día), tampoco lo necesitamos mucho: tenemos coche, mando a distancia de la televisión, ordenadores, trabajos sedentarios… Ahora para distraernos ya no tenemos que salir de casa. De todas maneras, ¡tampoco tenemos muchas ganas!
  • Además, estamos sometidos a estrés emocional muy a menudo. La familia, el trabajo, la sociedad, nuestra mente que no desconecta… son algunos de los agentes estresores. No podemos salir huyendo, el agente estresante está con nosotros. No estamos preparados para manejar este tipo de estrés. En consecuencia, tenemos niveles altos y mantenidos de cortisol que nos van a hacer engordar, entre otros problemas de salud que nos va a generar.
  • Estamos sometidos a altos niveles de tóxicos de distintos orígenes (ganadería intensiva, agricultura intensiva, malos hábitos de vida, tóxicos ambientales). Muchos de estos tóxicos actúan como disrruptores endocrinos.
  • Descenso de las horas de sueño y/o sueño reparador y la falta de respeto a los biorritmos en nuestros actos cotidianos, sin tener en cuenta que cada cosa ha de hacerse a su hora. Estamos sujetos a ritmos circadianos (cerca de un día). Tenemos un reloj central que debe sincronizarse (día – noche) todos los días y que, a su vez, debe estar sincronizado con los relojes de los diversos órganos. Deben funcionar como una unidad. De la armonía o desarmonía se deriva salud o enfermedad.

Mientras tanto, vamos engordando. ¿Qué está pasando?

EVOLUCIÓN

Somos el resultado de la evolución de millones de años, nuestros genes se han ido adaptando a las adversidades, entre ellas, a los periodos de hambruna. Con cada gran problema de supervivencia, había alguna mutación que ayudaba a resolver el problema permitiendo sobrevivir.

Vamos a ver como algunas de estas adaptaciones (mutaciones) que nos permitieron sobrevivir en el pasado, se han vuelto contra nosotros en la actualidad: genes ahorradores. La evolución nos ha jugado una mala pasada.

Cuando hoy en día hay personas que engordan y cuentan que no comen mucho, en primer lugar, habrá que ver si es verdad o no que comen poco, ya que comer mucho o poco puede ser subjetivo. Habrá que ver la composición de los alimentos que come, la frecuencia con la que come… y la tendencia a engordar guardada en sus genes (genes ahorradores).

Estamos expresando un fenotipo que es consecuencia de la interacción de nuestros genes (paleolíticos) y nuestra dieta y estilo de vida (ambiente obesogénico).

Nuestra dieta y estilo de vida van en contra de nuestro diseño, de nuestro genoma. Si entendemos por qué tenemos tendencia a engordar, podemos tomar medidas. Ya no podemos echar la culpa a nuestra herencia, a nuestros genes ahorradores.

Hace 8 millones de años, en algún momento hubo un gran periodo de escasez, los bosques desaparecieron y como adaptación el organismo desarrolló la capacidad del hígado para transformar la fructosa en grasa. En aquel momento, esto fue bueno, muy bueno. Actualmente, esto supone un problema, no necesitamos acumular grasa.

El sistema para sobrevivir a épocas de escasez es acumular energía, en forma de grasa en los adipocitos. Ésta es la forma más eficiente de acumular energía. Así, en época de abundancia, el exceso de calorías no utilizadas se acumulaba en forma de grasa en los adipocitos para ser movilizada cuando hubiera escasez. De este modo, la despensa iba con nosotros. Los adipocitos se llenan en épocas de abundancia y se vacían cuando hay escasez.

Los primates en su hábitat natural, tienen el alimento a su alcance, no pasan hambre, comen sus frutos, la glucosa penetra lentamente en la sangre y se mantiene en unos niveles de glucosa estables. Hay sensibilidad a la insulina en todos los tejidos.

Hace unos 4 millones de años, empezó a cambiar el paisaje exuberante. Con el enfriamiento del planeta, la alimentación empezó a escasear y el australopitecus comenzó a pasar hambre, se alternaban periodos de escasez y de abundancia.

La evolución permitió la supervivencia, se modificó el metabolismo apareciendo el genotipo ahorrador, en el que estaban implicados una variedad de genes que permitían acumular energía con rapidez lo cual permitía sobrevivir a largos periodos de ayuno.

1) Resistencia a la insulina
En esta época, se produjo la llamada sensibilidad diferencial a la insulina (hormona del almacenamiento). No todos los tejidos tenían la misma facilidad para utilizar la glucosa.

El hígado y el cerebro podían disponer de ella libremente, sin embargo, el músculo desarrolló cierta resistencia a la insulina para ahorrar glucosa. Así, la glucosa sobrante se acumulaba en los adipocitos en forma de grasa.

Esto constituyó una ventaja para la supervivencia, permitía la ganancia rápida de grasa.

La acumulación de grasa se ha ido potenciando evolutivamente. Incluso se desarrolló una manera distinta de disposición de la grasa: en los hombres, que tenían que ir a buscar el alimento, la disposición de la grasa era central (forma de manzana) para poder moverse mejor, había que defenderse; para las hembras, que tenían que procrear, la acumulación era en caderas (forma de pera).

2) Resistencia a la leptina
Ya hemos visto cómo se acumula la grasa en los adipocitos pero, ¿hasta cuándo?

Existe un mecanismo natural de control que nos lleva a comer más o menos en función de los niveles de grasa acumulados. La regulación de la grasa corporal a medio-largo plazo es llevada a cabo por la leptina, hormona descubierta en 1994 y que es sintetizada fundamentalmente por el tejido adiposo blanco.

  • Si se acumula mucha grasa, se expresa el gen OB que da orden de sintetizar la leptina, que sale a la circulación sanguínea, llega al cerebro, al hipotálamo y se une a sus receptores, como respuesta se inhibe el apetito y se activa el gasto energético. Esta respuesta conduce a una pérdida de la grasa acumulada ( se adelgaza ).
  • Cuando se pierde grasa, se inhibe el gen OB, se detiene la síntesis de leptina y aparece el deseo de comer.

En algunas personas, este mecanismo no responde, muestran niveles de leptina altos y, sin embargo, tienen ganas de comer. La leptina no puede hacer su trabajo, no se une a sus receptores específicos en el cerebro, esto se llama resistencia a la leptina.

La resistencia a la leptina permite seguir con ganas de comer a pesar de mantener sus niveles altos, lo cual permite seguir acumulando grasa para el futuro.

GENES MOTORES

En principio los movimientos necesarios para sobrevivir eran cortos, de lucha- huída para escapar de la amenaza correspondiente. Pero nuestro antepasado el Australopitecus necesitaba andar durante periodos de tiempo largos, durante días, iban en busca de comida. Necesitaban mecanismos para soportar estrés físico de larga duración (grandes caminatas).

La evolución desarrolló, ante situaciones de peligro, la síntesis de adrenalina, glucógeno y cortisol. Todos ellos destinados a movilizar las reservas de energía, elevar los niveles de glucosa en sangre para ser utilizada como energía y permitir el movimiento durante horas, incluso días. Así, adquirimos:

  1. Dos buenos sistemas para acumular grasa que supuso una ventaja evolutiva para la supervivencia (genotipo ahorrador):
    a) Resistencia a la insulina, permite acumular el exceso de glucosa en forma de grasa en los adipocitos.
    b) Resistencia a la leptina, permite seguir con hambre aunque tengamos un exceso de grasa.
  2. Genes motores, estamos hechos para el movimiento que nos ayuda a movilizar la grasa.

Cuando una adaptación permite la supervivencia queda guardada en el genoma para el futuro. La adaptación de nuestro genoma a los cambios de la dieta, el estilo de vida y el medio ambiente, es muy lenta, se habla de un 0.2% cada 20.000 años.

En la actualidad, no todas las personas tienen en su información genética el paquete completo de genes ahorradores, cada persona tiene unas variaciones genéticas (polimorfismos) que le dan su individualidad. Cuantos más genes ahorradores, mayor predisposición a engordar, más cuidado deben tener con la dieta y estilo de vida.

Pero no nos equivoquemos, somos nosotros los que disparamos nuestros genes ahorradores.

RESPUESTA DE NUESTRO ORGANISMO

La interacción de la información genética (genes paleolíticos, con su dotación de genes ahorradores y motores) con la fórmula actual: dieta – estilo de vida – medio ambiente, 
que estamos utilizando sobre todo desde los últimos 50 años:

  • Dieta hipercalórica, ingestas con carga glucémica alta, grasas de mala calidad, déficit de nutrientes. En definitiva, se trata de una dieta prooxidante, acidificante y proinflamatoria.
  • Falta de actividad física.
  • Niveles altos y mantenidos de estrés emocional.
  • Niveles altos de tóxicos.

El resultado es un desequilibrio de los neurotransmisores (dopamina, serotonina…) que conlleva un aumento del hambre, descenso de la saciedad, mal estado de ánimo, con nerviosismo, desmotivación, desequilibrios endocrinos, disbiosis intestinal (que va a provocar un aprovechamiento anómalo de la energía consumida, así como de distintos nutrientes). Estamos disparando epigenéticamente nuestros malos genes, entre ellos, los genes ahorradores.

Lo anterior se manifiesta fenotípicamente en sobrepeso, obesidad, aumento de estrés oxidativo, inflamación de bajo grado, resistencia a la insulina, hiperglucemia, disfunción endotelial, diabetes… La respuesta es el dismetabolismo que se manifiesta en cada persona según su predisposición genética:

  • Enfermedad cardiovascular.
  • Enfermedad degenerativa.
  • Enfermedad neurodegenerativa.
  • Cáncer.
  • Otras enfermedades.

Son las llamadas enfermedades de la civilización.

Recordemos que nuestros genes son obedientes: si les ordenamos, ¡obedecen! Estamos en el momento justo de revisar nuestra dieta y estilo de vida. Podemos retrasar el envejecimiento, depende nosotros.

M. FELISA MORAL TURIEL. FARMACIA TÉLLEZ

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